Fui con tres ginecólogas en dos años. Las tres me dieron la misma respuesta: "Es la menopausia, señora. Use lubricante y sea paciente." Salí de cada consulta con la misma sensación de que algo no cuadraba y con otra botella de lubricante que no iba a funcionar.
La cuarta especialista hizo algo diferente: sacó una hoja, dibujó tres círculos y me dijo algo que ninguna me había dicho antes. "Tu cuerpo no está roto. Está sin los nutrientes que necesita para funcionar."
Me explicó que después de los 40, tres sistemas colapsan al mismo tiempo. Primero, el cuerpo deja de producir colágeno al mismo ritmo, lo que adelgaza las paredes vaginales y hace que el roce duela. Segundo, el ácido hialurónico, la molécula que retiene humedad en los tejidos, disminuye, dejando el tejido seco desde adentro. Por eso el lubricante no resuelve nada: solo actúa en la superficie. Tercero, las bacterias buenas que mantienen el pH vaginal estable se desequilibran, generando ardor, infecciones recurrentes e incomodidad constante. "Ningún lubricante del mundo resuelve esto," me dijo, "porque el problema no está en la superficie."